lunes, 30 de enero de 2012

Tema 3 Ej. 1 Mamá, esta comida no me gusta, ¡que asco!

¿No es genial todo lo que hemos evolucionado? En pleno siglo XXI y con todas las ventajas que esto conlleva. Y es que seguimos avanzando, investigando con nuevos fármacos, estudiando enfermedades e incluso alargando la esperanza de vida. Pero no nos conformamos con eso. Vivimos en una etapa completamente revolucionaria, en la que grandes científicos, ingenieros o informáticos nos hacen la vida más fácil. Hemos avanzado un largo camino, ¡y lo que nos queda todavía!. Pero parece ser que nadie se da cuenta de lo que hemos ido dejando atrás, ya que no todos tenemos los mismos medios y recursos para progresar.


Me refiero a todos aquellos países cuyos habitantes siguen muriendo por lo más básico, sin acceso a agua potable o comida para alimentarse. Todo el mundo parece darle la espalda a África, un continente cuya esperanza de vida es de 46 años (35 años menor que la Española). Y resulta hipócrita que lo diga yo, que estoy aquí escribiendo delante de un ordenador mientras miles de niños mueren por enfermedades que aquí se previenen con un sencillo pinchazo. Los países desarrollados siguen en su continuo crecimiento tanto a nivel sanitario como educativo, económico o social. ¿Y por qué no ayudamos a erradicar el hambre o las enfermedades en el mundo, en vez de desperdiciar lo que muchos mueren por conseguir?


El tercer mundo sigue estancado, o incluso empeoran sus condiciones de vida. Pero, ¿Podemos hacer algo? Siempre se puede pero es complicado, pues nadie se mueve, nadie dice nada. Pero por otro lado es normal ya que hasta los gobiernos están interesados en que esta situación se mantenga. Nos da pena y sentimos lástima, pero nosotros tenemos nuestra vida resuelta, no sabemos que es el hambre o el agotamiento. Mientras tanto seguiremos viendo esos documentales sobre la pobreza tan conmovedores en nuestras televisiones caras y comiendo ingestas cantidades de comida. Pero para solucionarlo primero tenemos que conocer sus problemas.


Para empezar, voy a hacer hincapié en la pobreza extrema de algunos y la riqueza abusiva de otros dentro incluso de un mismo país. Esto es el reflejo de la mala gestión de los escasos recursos de dicha región. Así los gobernantes y las personas con cierto poder atesoran un dinero que se podría invertir en mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. En el caso de la ausencia de dichos recursos la situación empeoraría y necesitaría una ayuda internacional. 


El acceso a comida, agua potable o una educación básica es lo mínimo, a lo que todo el mundo debería tener acceso. Y esto depende en cierta medida de los países desarrollados, pues son bienes y servicios a los que no pueden acceder por su propios medios. Solo con invertir el 1,1% del gasto militar mundial en crear pozos en África se podría abastecer de agua potable a toda la población mundial.
En lo relacionado a la alimentación, es muy importante una nutrición adecuada, para evitar padecer una serie de enfermedades que pueden terminar con la muerte de dicha persona. En países como Angola, existe una terrible ausencia de alimentos, lo que ocasiona que no tengan defensas y estén desnutridos, provocando así enfermedades como la anemia o Kwashiorkor.
Además las bases para un futuro mejor, de cualquier nación es la de educar a toda la población, y darles una oportunidad para llevar una vida mejor.


Y la medicina quizás sea la más importante. En España podemos comprar todo tipo de medicamentos, si nos resfriamos podemos ir al médico, o incluso operarnos en un hospital, y desde que nacemos nos vacunan para ser inmunes a ciertas enfermedades. En el tercer mundo esto no es así. Hasta un simple resfriado puede matar a una persona. Y es algo injusto, ya que su vida no vale menos que la nuestra. Millones de personas mueren de SIDA, malaria o tuberculosis, enfermedades que a nosotros casi no nos afectan.


Es hora de cambiar esta situación. El ser humano ya ha vivido lo suficiente como para tomar medidas y acabar con este estado que solo beneficia a unos pocos, a costa de vidas humanas. Donemos dinero, ropa, alimentos; construyamos escuelas, hospitales y pozos...
Porque no hay fuerza más poderosa que la voluntad.

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