miércoles, 30 de mayo de 2012

Tema 1 Ej. 1 La importancia de entender el mundo desde distintos puntos de vista

¿Nunca habéis visto la infinidad de estrellas que hay en el cielo? Son muchísimas, y de todas las forma, tamaños y colores. La admiración por el Cosmos se remonta a los primeros seres humanos, que alzaron la vista y, ya sea por la curiosidad o el mero interés de explorar lo desconocido, comenzaron a observar las galaxias, nebulosas, estrellas... 


Finalmente se descubrió que existían cinco planetas que no se mantenían firmes en el espacio, sino que se desplazaban hacia adelante, para girar y, a continuación volver a avanzar. Era un desplazamiento que no parecía seguir ninguna norma, por lo que se pensó que esos planetas errantes "tenían vida propia". De esta forma Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno se convirtieron en dioses, adorados por diferentes culturas a lo largo de la historia.


 

No fue hasta la antigua Mesopotamia y la Grecia clásica, cuando se empezaron a plantear que ese movimiento no se producía de forma arbitraria. Así fue como se dedujo, quedando plasmado en las obras de los grandes filósofos, que todos los planetas (incluidos el Sol y la Luna) giran alrededor de la Tierra. Tiene sentido esta afirmación, ya que para las creencias de la época, los seres humanos teníamos un origen casi divino, y necesitábamos permanecer en el centro del universo. Además, nuestro planeta parecía completamente firme, y nadie sentía que este se desplazara. 


Sin embargo, no fue hasta el siglo II después de Cristo, cuando Ptolomeo de Alejandría dedujo que los astros ya mencionados, además de girar alrededor de la Tierra (que continuaba siendo el centro del Cosmos), también lo hacían formando hemicilos. Así, la suma de los dos círculos daba como resultado su desplazamiento, que se producía por su unión a esferas cristalinas perfectas. Así, desde nuestro punto de vista, todo se movía indefinidamente en torno a nuestro propio centro.


Nicolás Copérnico


Esta idea prevaleció durante el final de la edad antigua y todo el medievo, hasta 1543 cuando Nicolás Copérnico (Toruń, Polonia, 1473 - Frombork, Polonia, 1543) descubrió que no era la Tierra la que se situaba en el centro del mundo, sino que era un planeta más alrededor del Sol. A esta teoría se la denominó "Heliocéntrica", que ya había sido propuesta en la antigüedad por Aristarco de Samos. A pesar de los descubrimientos de este científico y eclesiástico, decidió mantenerlo el secreto por temor a la Iglesia (fuerte defensora del Geocentrismo) ya que desde el punto de vista de la creación, los seres humanos fuimos modelados por dios, y su creación tenía que situarse en el centro, no relegada a un segundo plano como el resto de astros.


Científicos como Galileo Galilei, o Johannes kepler demostraron que realmente es la Tierra la que gira alrededor del Sol formando una elipse. Estas investigaciones casi les cuesta la vida, pero son cruciales para establecer las bases de la astronomía moderna.


Si lo pensamos detenidamente, el Geocentrismo no es tan disparatado. ¿Por qué no se iba a poder pensar que es la Tierra el centro del Universo?. Al fin y al cabo, desde nuestro punto de vista es el cielo el que se desplaza. 


Efectivamente, en la actualidad está completamente demostrado, y prácticamente nadie contradice la teoría Heliocéntrica, pero nosotros al mirar al cielo veremos lo mismo que veían los primeros astrónomos: Que todo gira a nuestro alrededor.


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